Cuando el cansancio no es la edad: así falla una válvula del corazón

valvulopatia

Dejó de subir escaleras porque el ascensor era más cómodo. Caminaba más despacio para no cansarse. Abandonó algunos paseos. Cuando le faltaba el aire, pensó que era normal a su edad. No se sentía enfermo: simplemente había ido adaptando su vida a lo que su corazón le permitía hacer. Esta historia, más frecuente de lo que parece, puede estar detrás de una enfermedad de las válvulas cardiacas que avanza en silencio.

¿Qué ocurre cuando una válvula del corazón no funciona bien?

El corazón tiene cuatro válvulas que regulan el paso de la sangre en la dirección correcta. Cuando una de ellas se estrecha y dificulta el flujo, se denomina estenosis. Cuando no cierra bien y permite que la sangre retroceda, hablamos de insuficiencia o regurgitación. En ambos casos, el corazón trabaja en condiciones más exigentes y, si la enfermedad progresa, pueden aparecer síntomas y daño progresivo en el músculo cardiaco.

Uno de los ejemplos más frecuentes es la estenosis aórtica, causada habitualmente por la calcificación progresiva de la válvula en personas mayores. Otras valvulopatías, como la insuficiencia mitral o tricuspídea, también pueden provocar falta de aire, cansancio o retención de líquidos. Precisamente la reparación mitral transcatéter es hoy una de las áreas de mayor expansión dentro del intervencionismo estructural, con resultados cada vez más sólidos en pacientes seleccionados.

Señales que conviene no atribuir automáticamente a la edad

Síntomas que merecen una consulta médica

Los síntomas de una enfermedad valvular pueden tener muchas causas, pero conviene consultar cuando aparece alguno de estos cambios:

  • Falta de aire al caminar, subir escaleras o hacer esfuerzos antes bien tolerados.
  • Cansancio o pérdida progresiva de capacidad física.
  • Dolor, presión o molestia en el pecho durante el esfuerzo.
  • Mareos o pérdida de conocimiento.
  • Palpitaciones o latidos irregulares.
  • Hinchazón de tobillos o piernas.
  • Necesidad de dormir más incorporado por dificultad para respirar al tumbarse.

La clave no está solo en la presencia del síntoma, sino en compararlo con meses o años anteriores. Una pregunta sencilla puede ser muy reveladora: ¿sigo haciendo las mismas actividades que antes, o las he ido abandonando para no encontrarme mal?

Cuando el cuerpo se adapta y oculta el problema

Las guías europeas sobre enfermedades valvulares de 2025 advierten de la importancia de comprobar si una persona considerada asintomática ha reducido en realidad su nivel de actividad. En casos seleccionados, los especialistas pueden recurrir a una prueba de esfuerzo supervisada para descubrir síntomas que no aparecen en la vida cotidiana o que el paciente no había reconocido como tales.

Esto no significa que deba ponerse a prueba por su cuenta. Si existe una estenosis aórtica grave con síntomas, el ejercicio intenso puede resultar peligroso. La indicación corresponde siempre al equipo médico y debe realizarse en un entorno controlado.

Del diagnóstico a la decisión de tratamiento

El papel del ecocardiograma y el equipo multidisciplinar

La valoración comienza con la historia clínica y la exploración física. La auscultación puede detectar un soplo, aunque su presencia no determina por sí sola la gravedad. La prueba fundamental es el ecocardiograma, que permite observar las válvulas, medir el grado de estrechamiento o insuficiencia y evaluar cómo responde el corazón.

Cuando la enfermedad es grave, la decisión entre seguimiento, cirugía convencional o tratamiento transcatéter no depende únicamente de la edad. Se consideran los síntomas, la anatomía valvular, la función cardiaca, las enfermedades asociadas, la fragilidad y el riesgo de cada intervención. Las guías actuales recomiendan que los casos complejos sean evaluados por un equipo multidisciplinar o Heart Team, modelo de trabajo que CITENDO promueve desde su fundación como eje de la práctica transcatéter moderna.

En este contexto, técnicas como el TAVI para la estenosis aórtica grave han demostrado resultados sólidos incluso a largo plazo, siendo hoy una opción consolidada para pacientes que se benefician de un abordaje mínimamente invasivo.

Escuchar los cambios, sin alarmarse

Sentirse cansado o quedarse sin aire no significa necesariamente que exista una enfermedad valvular. Pero tampoco debería aceptarse como una consecuencia inevitable del envejecimiento. Si la falta de aire es repentina o intensa, aparece dolor torácico persistente, se produce una pérdida de conocimiento o hay signos de gravedad, debe solicitarse atención urgente. En los demás casos, detectar que una persona camina menos, evita las escaleras o ha abandonado actividades habituales puede ser el primer paso para consultar y descubrir qué está ocurriendo.

A veces el corazón no avisa con un gran dolor. A veces lo hace reduciendo, poco a poco, el tamaño de nuestra vida.

Fuentes científicas